J. Martínez Ruíz, Azorín; epílogo de Castilla (1912).
Lo poco que escribo (de momento) y lo que recurro a las citas... Igual porque mi mente no es lo suficientemente brillante para describir ciertas ideas. A lo mejor por darle de nuevo voz a personajes que vamos dejando en el olvido. O a lo mejor para darnos cuenta de que no somos tan diferentes en algunos aspectos a generaciones pasadas.
Dicen que la curiosidad mató al gato, pero no somos gatos. La curiosidad, en mi opinión, debe ser una de las bases principales de la educación. Ser curioso en el sentido de querer aprender, de querer conocer el mundo que nos rodea. Es importante que los adolescentes aprendan en las clases, por supuesto, pero también que sean capaces de aprender por ellos mismos fuera de ellas. La curiosidad debe ser potenciada desde los colegios e institutos como una herramienta importante en la formación del estudiante. La curiosidad implica adquirir, ampliar y contrastar conocimientos; aprender fuera de las aulas y, lo más importante, adquirir un hábito que perdure en el tiempo más allá de la etapa escolar.
Otra cosa es que se quiera, claro está, pues supongo que para algunos será bastante más cómodo seguir una línea claramente definida que darle alas al alumno para que aprenda cosas diferentes.
Pero bueno, se supone que hemos superado esa fase en la que la educación era una herramienta de control de la sociedad. Se supone.