¿Es la instrucción pública el primer origen de la prosperidad social? Sin duda. Esta es una verdad no bien reconocida todavía, o por lo menos no bien apreciada; pero es una verdad. La razón y la experiencia hablan en su apoyo. Las fuentes de la prosperidad social son muchas; pero todas nacen de un mismo origen, y este origen es la instrucción pública.Otro bicentenario se celebrará el próximo año, el de la Constitución de 1812. Jovellanos no llegó a ver su promulgación, pero su influencia en el texto es notable. En el campo que nos importa ahora, los diputados de Cádiz otorgaron un enorme peso a la educación. Tanto es así, que es la única Constitución de las tantas que aparecieron en los siglos XIX y XX (incluida la actual) que dedica en exclusividad un título entero a la instrucción (Título IX, artículos del 366 al 371).
Independientemente de su contenido, sujeto a la mentalidad de hace 200 años, los liberales de entonces otorgaron una gran responsabilidad a la educación, indispensable para la necesaria modernización política, económica y cultural del país. Para los liberales, las luces de la educación cambiarían el modo de pensar y convertirían al español en un ciudadano libre y virtuoso. De esta forma, podrían intervenir en los asuntos públicos y favorecer el progreso social.
Un discurso similar perdura hoy en día acerca de la importancia de la educación, aunque todos sabemos que no va acompañado del respaldo deseado.